Una 'santa' con vocación de vampiro
¿Quién eres: Mina o el vampiro? Rita sonríe con malicia. “El vampiro, por supuesto, no me gusta ser la víctima”, dice mientras clava la estaca de su mirada en la imagen de Klaus Kinski sosteniendo a la bella Isabelle Adjani.

Una planta trepadora enmarca el póster de "Nosferatu", en la versión de Werner Herzog, colgado en uno de los muros. Sentada en su sala, frente a un librero, está Rita, la de la voz dual, que por un lado mira hacia el pasado renacentista a través del Ensamble Galileo, y por el otro juega en las posibilidades sonoras del presente con el grupo de rock Santa Sabina.

Figura emblemática del rock nacional de los 90, icono involuntario de la tribu dark, actriz, directora coral y madre del pequeño Claudio, quien se dedica a despedazar la solemnidad, Rita Guerrero busca en el diccionario de su memoria la palabra Guadalajara. “Estaba en un kínder, el Gabriela Mistral. Me encantaban los títeres. Había función una vez a la semana y me fascinaban":

¿Cuál fue tu primer acercamiento con la música?

Como a los nueve o 10 años comencé a estudiar piano. Mi papá era trompetista y mi abuelo clarinetista. De los 11 hermanos que somos, mi hermano, el tercero, y yo, somos músicos. Él es violinista de la Sinfónica de Madrid. Mi papá tocaba en big bands. Tocaba música de Glen Miller. Él trató de inculcarles la música a mis hermanos mayores, pero no les gustó porque era regañón. Terminaron alucinándolo. Sus últimos cuatro años de vida, cuando yo tuve de seis a 10 años, me enseñó a tocar la guitarra. Ya era más leve. El recuerdo que tengo de mi papá es más padre.

¿Cantabas en coros de iglesia?

Sí, iba a misa y estaba educada en el catolicismo. Yo estaba en el coro porque quería divertirme con algo. Era más atractivo ir a la misa a cantar. Cuando dejé el coro, como a los 13 años, dejé de ir a misa. De manera paralela al coro entré en un taller de música para niños. Me enseñaron a tocar flauta de pico, xilófono y percusiones. En la adolescencia deserté de la música. Me metí en el taller de teatro en la prepa y me encantó. Estudié un año en la UdeG, pero no me gustó tanto. Una vez fue Ludwik Margules, que en esa época era director del CUT (Centro Universitario de Teatro), a dar una conferencia y decidí que quería estudiar en su escuela. Me vine al DF.

¿Acabaste la carrera?

Sí, pero en los montajes retomé la música. Me tocaban papeles donde tenía que cantar. Montamos “La ópera de los tres centavos”, de Bertolt Brecht, dirigida por José Caballero. Yo hacía el papel de Poly y cantaba con músicos en vivo las piezas de Kurt Weill. Se nos cruzó la huelga de la UNAM del 86. Un grupo de compañeros nos clavamos mucho en el movimiento. Cuando terminó la huelga quisimos llevar la experiencia al terreno artístico. Montamos una obra que se llamaba “América”, sobre la novela de Kafka. El director invitó al grupo Los Sicotrópicos para musicalizar la obra en vivo. Tocaban un jazz experimental. Con ese mismo grupo volvimos a trabajar en “Vox Tanatos”, en donde volví a cantar. En el repertorio había tres canciones que después fueron las primeras de Santa Sabina, entre ellas “Nos queremos morir”.

Yo estaba muy decepcionada del teatro. Tenía una idea distinta. En esa época mucha gente comenzó a hacer televisión. Incluso hice una telenovela. Se llamaba "Martín Garatuza". Fue muy interesante, pero no era lo que me interesaba. Cuando terminamos “Vox Tanatos”, Pablo Balero nos propuso hacer un grupo a Poncho, el bajista, y a mí. Y empezamos a trabajar, sin idea de nada. Yo leía música, pero no era compositora. Inventaba. En octubre terminamos la obra y en febrero ya dimos el primer concierto en un lugar llamado El Salón de los Aztecas, en República de Cuba. Nos sorprendió la reacción de la gente.

¿Ya eran Santa Sabina?

Eso desde la primera junta. ¿Cómo le ponemos al grupo? No que el nombre de un santo. No que María Sabina. Hasta que Poncho dijo Santa Sabina. Nos gustó. Estuvimos cuatro años tocando muchísimo, pero sin grabar un disco. Finalmente firmamos un contrato con BMG, en un subsello llamado Culebra. Ahí grabamos cinco discos.

Santa Sabina se identifica con la estética gótica ¿La abordaron desde el principio?

La obra “Vox Tanatos” era oscura y desesperanzadora, pero fue la gente la que nos ubicó en lo gótico. En nuestro discurso hay de todo. Veníamos de formaciones diferentes.

Santa Sabina hacía escenografías y Rita era un personaje...

A mí siempre me pareció importante vestir el escenario, porque era un espacio sagrado. Procuraba que en todos lados hubiera aunque sea una flor, pero algo distinto. En "Babel" usamos una torre, en "Mar adentro..." adoptamos el expresionismo alemán, algo como "El gabinete del doctor Caligari".

¿Santa Sabina sigue?

El encuentro en el Vive Latino fue muy bonito, pero para retomar el proyecto falta tiempo. Le dediqué al grupo 16 años y mi proyecto vital de ser madre se vio postergado. Conocí a Aldo, músico también. Decidimos tener a nuestro hijo. No quisiera llenar mi vida de otros proyectos. Me falta tiempo para estar con mi hijo. Quizá cuando Claudio crezca, volveré a los ensayos.