San Francisco Giants v Florida Marlins

MIAMI - AUGUST 18: Barry Bonds #25 of the San Francisco Giants hits a two run home run, his 760th of his career against pitcher Rick VandenHurk of the Florida Marlins in the fifth inning at Dolphin Stadium on August 18, 2007 in Miami, Florida (Marc Serota / Getty Images / August 18, 2007)

 

  

 

San Francisco Giants v Florida Marlins

MIAMI - AUGUST 17: Barry Bonds #25 of the San Francisco Giants waits on deck in the fifth inning against the Florida Marlins at Dolphin Stadium on August 17, 2007 in Miami, Florida. (Marc Serota / Getty Images / August 17, 2007)

 

   Después de varios años y $6 millones gubernamentales invertidos en un juicio absurdo y estéril, lo único que se pudo probrar en contra de Barry Bonds es su carácter evasivo. ¡Válgame Dios!, eso lo sabíamos desde hace mucho tiempo.


    El cantinflesco proceso que, lejos de limpiar la imagen del béisbol, en realidad buscaba enterrar a un pelotero que a lo largo de su carrera se esforzó por hacerse odiar. Como lo he escrito antes, era una maloliente cacería de brujas centrada en un individuo, no una tendencia de grupo.


    Bonds, supuestamente el tramposo más grande de todos los tiempos, sólo fue encontrado culpable de obstruir la justicia, mientras el jurado no lograba una decisión unánime con respecto a los otros tres cargos que enfrentaba el hombre que más jonrones ha disparado en la historia de las Grandes Ligas (762).


    El confuso desenlace, sin embargo, me parece justo. Bonds, al igual que todos los otros jugadores supuestamente involucrados en el consumo de esteroides y otros sustancias prohibidas -antes de 2002- no son culpables de nada. Habrían sido unos sinvergüenzas, pero no criminales.


    Recuerden que no fue hasta esa temporada de 2002 cuando, tras el escándalo del laboratorio BALCO, se estableció una política anti esteroides en la pelota. Previo a esa fecha, los anabólicos y otras fórmulas para mejorar el rendimiento físico no eran ilegales en el béisbol.


    En este circo, empero, al gobierno federal no le interesaba comprobar si Bonds había o no usados esteroides. La pesquisa se basaba en las declaraciones que hizo el pelotero en 2003 frente a un gran jurado con relación al consumo de aquella sustancia. Querían saber si había cometido perjurio y ni siquiera eso lograron.


    Bonds, siete veces Jugador Más Valioso de la Liga Nacional y dueño del récord de cuadrangulares en una temporada (73 en 2001), nunca ha negado que haya consumido esteroides, pero siempre se ha defendido asegurando que lo hizo "sin saberlo".


    No obstante las evidencias, el ex patrullero de los Piratas y de los Gigantes salió bien parado de un juicio innecesario y en el que la fiscalía comenzó con dos strikes en su contra ante la negativa del entrenador personal de Bonds, Greg Anderson, a testificar.


    Anderson, el único hombre que realmente podía hundir a Bonds, prefirió cumplir más de un año de prisión (462 días), antes de declarar en contra de su amigo de la infancia (¿cuánto dinero habría estado envuelto en este derroche de lealtad?).


    Bonds, ciertamente un hombre de muy pocos amigos, se habría salido con la suya gracias a los huecos del mismo sistema que antes de 2002 se hizo de la vista gorda cuando los peloteros conectaban jonrones aún dormidos.


    A diferencia de Manny Ramírez, un irrespetuoso y falto de entendimiento que si debe ser castigado severamente tras arrojar positivo en la era "pos esteroide", Bonds debe caminar libre y sin culpas.


    El "Rey del Jonrón" es tan inocente como Miguel Tejada, David Ortiz, Jason Giambi y Andy Pettitte, entre otros, que también han estado embarrados en el escándalo de las sustancias prohibidas, pero que nunca ha sido tan venenosamente perseguidos.

    Columna originalmente publicada el 23 de abril de 2011.

 

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Barry Bonds

spMARLINSFANS17c Fans hold a SIGN READING "Home Roid King" as Barry Bonds awaits his first at bat during the first inniong of thier game against the Marlins at Dolphin Stadium. (Josh Ritchie / Sun Sentinel / August 17, 2007)